Ahora puedo afirmar que camino. No voy en dirección
equívoca, cuesta abajo.
No siento tampoco.
Pero va bien. Todo superficialmente bien, tranquilidad para
tapar los nervios que me comen por dentro. Palabras varias, verborragia de años
atascados. Soy-un-ser-social.
Una desmesurada energía me corroe, me invade. Casi ficticia.
Casi normal.
Aquellas personas deben tener un algo que me hace mal. No
debo verlas. No debo seguir sabiendo sus vidas. Sus seres me corrompen.
Ahora bien, la teoría es esa. Mi vulnerabilidad no puede
permitirme altibajos.
Empiezo a sentir que respiro veneno.
De la felicidad.
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